Al referirnos a la gastronomía italiana, lo
primero que nuestros paladares recuerdan es el sabor de las deliciosas
pastas. Es que indudablemente este alimento está ligado a una de las
pasiones italianas más arraigadas en la cultura del venezolano: Comer
espaguetis.
Aunque las evidencias históricas apuntan que la
pasta fue inventada por los chinos, fueron los italianos quienes la
popularizaron y la convirtieron en patrimonio histórico, afianzando
este alimento como un valor familiar e incluso como una necesidad
fisiológica, como lo expresa el propietario de uno de los más
emblemáticos restaurantes de pastas de la Ciudad Jardín, Orazio
Mastrorosa, quien comentó que por alguna razón cuando los italianos
a cierta hora del día no la han consumido, comienzan a sentirse mal.
Tal vez haya una razón fisiológica que realmente
amerite la ingesta de este tipo de carbohidratos al menos una vez al
día, pero probablemente esté más relacionado con la cantidad de
endorfinas (hormona de la felicidad) producidas al momento de sentarse
a comer un delicioso plato de pastas. De esta manera se ha afianzado
una costumbre que ya es tradición, y una de las pasiones más
deliciosas que desde Italia se ha instalado en tierras venezolanas.
Y se trata de una costumbre tan arraigada en la
cultura del venezolano que es Venezuela el segundo país consumidor de
pastas a nivel mundial, con promedio aproximado per cápita de 12,6
kilogramos por persona, sólo superado por la cuna del alimento,
Italia. Entonces, prácticamente podríamos afirmar que culinariamente
vivimos en una segunda República italiana.
ELABORACIÓN CASERA DE UNA TRADICIÓN

Es costumbre que las familias italianas fabriquen
sus propias pastas en casa de forma artesanal, tradición que se
mantiene viva de una generación a la siguiente. Muchos prefieren la
elaboración casera, pues se evita el consumo de químicos utilizados
en las industrias para la preservación, además de que los espaguetis
caseros se cocinan más rápido y absorben mejor el sabor de las
salsas.
A pesar de que parezca un proceso complejo, los
italianos lo asumen como un ritual que comparten en familia. En primer
lugar hay que destacar que huevos, sémola, harina de trigo y sal son
los ingredientes básicos utilizados en la fabricación de esta
receta.
Por lo general, se mezclan los mencionados
ingredientes hasta formar una masa, la misma debe pasar por un
cortador que le dará la forma de espaguetis. En vista de que muchos
no poseen el dispositivo cortador, simplemente pasan la masa por un
rallo de queso, eso igualmente le da la forma.
Seguidamente, las largas tiras de pasta (o la pasta
hecha en cualquier otra forma) se ponen a secar por al menos un día.
Dependiendo de la costumbre, algunos dejan los espaguetis al Sol y
otros a la sombra, al pasar 24 horas la masa se endurece y se obtiene
un producto parecido al que conocemos en casa. Es así como están
listas para cocinar y ser llevadas al plato.
A LA CARTA
El servir pastas no sólo es una cuestión
hogareña, sino que además se ha convertido en un negocio. Si nos
referimos al caso específico de Maracay, notamos que hay toda una
variedad de establecimientos comerciales en donde se puede ir a
degustar comida italiana.
Por lo general, estos negocios son pequeños,
carecen de grandes lujos y son atendidos por sus propios dueños.
Igualmente, otro rasgo particular común de estos restaurantes es que
sólo atienden al público de lunes a sábado y en horas de almuerzo.
Es probable que estas particularidades sean precisamente lo que les
den el calor de hogar tan apreciado por todos y a la final hagan que
éstos resulten fructíferos.
Hay que destacar que el menú que ofrecen los
restaurantes italianos ha contribuido con que ciertas recetas se hagan
populares y pasen a ser parte de la gastronomía de nuestro país.
¿Quién no disfruta el comerse un plato de pasta a la bologna? Lo
mejor de todo es que es un plato que se puede conseguir en cualquier
parte o hasta prepararse en casa.
Son diversas las variedades en pastas ofrecidas al
público aragüeño. Según explica Manuel Pita, chef a cargo de la
cocina de un conocido establecimiento de comida italiana, el menú
universal de los restaurantes italianos consta básicamente de dos
tipos de pastas: Las salteadas y las flameadas.
En el primer caso, se refiere a las especialidades
que no poseen licor en su salsa, tal es el caso de la pasta bologna,
que sólo lleva carne molida, salsa de tomates y queso parmesano. Por
su parte, también se incluye la pasta cuatro quesos, la cual se
prepara a base de queso parmesano, mozzarella y otras dos variedades a
elección del cocinero.
Se incluyen dentro de la variedad de las flameadas
aquellas que tienen licor en su receta como es el caso de la pasta
carbonara y la putanesca. También son populares en segundo orden los
pastichos, canelones y pastas mixtas.
Las pastas representan una expresión cultural
italiana que se ha extendido por todo el mundo, pero en el caso de
Venezuela podría decirse que no sólo se trata de una tradición
prestada, sino podría hablarse de otro patrimonio acogido en nuestra
gastronomía nacional.
LA MAGIA DE LOS TOMATES

¿Qué es una pasta sin una buena salsa de tomate?
Hemos llegado a la característica que aportará la personalidad a
este platillo. Esta mezcla hecha de tomates, albahaca, ajo y otras
especies es la que hace la magia que cautiva los paladares al juntarse
con las pastas.
Cada familia guarda celosamente las proporciones e
ingredientes que aporta en su preparación, pero para todos los casos
el ritual es el mismo. En época de tomates no es raro encontrar que
alguna familia italiana, establecida en nuestro país, compre guacales
enteros del cotizado fruto rojo y que por días se queden en casa
sólo preparando frascos y más frascos (de vidrio) llenos de salsa.
Mientras se prepara la salsa, los frascos de vidrio
se remojan en agua hirviendo para que se mantengan a una temperatura
alta. Cuando la salsa está lista y aún caliente se vacía en los
frascos que yacen en el agua hirviendo y se tapan. La idea es dejar
enfriar frascos y agua en conjunto, este procedimiento de alguna
manera crea el efecto de "envasado al vacío" fundamental
para la conservación del aderezo hecho a base de tomates, inclusive
pueden durar años.
La tradición ha enseñado a los italianos a que
cada uno a su estilo prepare la salsa de tomates que será utilizada
por la familia durante todo el año para aderezar pastas, pastichos,
pizzas y demás recetas que necesiten este manjar.
Fuentes consultadas:
*Restaurant Bologna.
* Piu Pasta - C.C. Las Américas.
El vino es un producto casi tan antiguo como la
civilización, que siempre ha caracterizado la producción agrícola
italiana: La cultivación de la vid se remonta a los tiempos de los
egipcios. ¿Pero cómo nació el vino?
Parece que en la época prehistórica, la vid
crecía espontáneamente en los bosques, y que los hombres aprendieron
pronto a apreciar el fruto de esta planta. Hasta que un día,
casualmente, alguien olvidó zumo de uva en un recipiente y percibió
que había sufrido una extraña transformación: Esa bebida producía
efectos placenteros.
Pero, además del aspecto convival, el vino tiene
importancia desde el punto de vista religioso y ritual. Debemos
recordar los ritos de Dioniso en Grecia y de Baco en Roma. En estos
casos, naturalmente, el vino estaba reservado exclusivamente a los
hombres, puesto que las mujeres no podían acercarse a ese líquido
sacrificial, para ellas impuro.
En la Edad Media, los monjes benedictinos
promovieron en sus monasterios el cultivo de la vid, experimentando
nuevas técnicas. Sin embargo, siempre fueron los humildes campesinos
quienes trabajaban la tierra y plantaban las vides. Su profunda
relación con la tierra y con la viña nos transmitió la cultura de
la vid y del vino. Es gracias a esta historia que, en la actualidad,
Italia es un gran productor de vinos: Excelentes vinos blancos y
tintos nacen de Norte a Sur.
Regiones enteras afrontan con gran dinamismo el
mercado de los vinos de calidad. Hoy se observa la recuperación de
antiguas cepas y de la vendimia tradicional, realizada completamente a
mano, combinada con el empleo de las más modernas técnicas
enológicas y los nuevos métodos de vinificación.
En 1963 se promulgó una ley sobre la
"Denominación de Origen Controlado", que se aplica a los
vinos con características particulares, que denotan su calidad
superior. Dichas características están determinadas por la cepa y
por el área de producción. La legislación de 1992 clasifica los
vinos de acuerdo a una estructura piramidal: En la base se encuentran
los vinos de mesa, sin indicación de proveniencia ni año de
producción; mientras que en la parte superior se hallan los vinos con
"Indicación Geográfica Típica" (IGT) y, en el vértice,
los vinos DOC y DOCG (Denominación de Origen Controlado y
Garantizado). Por lo tanto, antes de comprar un vino, ¡observemos la
etiqueta! Pero atención: Un buen vino "DOC" italiano cuesta
alrededor de 8 euros. Y si es cierto que, como dice un viejo
proverbio, "el buen vino alegra el corazón", ello queda
confirmado por un consumo estimado en aproximadamente 70 litros por
persona al año.
Italia es el mayor productor de vinos del mundo y
tiene además el más alto índice de consumo por habitante: 135
litros al año.

Cada zona de Italia ha desarrollado sus propios
sabores y tradiciones, apoyados en una vasta gama de variedades
propias de las regiones. Con estas cantidades y variedad de
tradiciones es inevitable que los niveles varíen en gran medida.
Hasta cierto punto Italia mantiene una reputación
deslucida debido a que en los años sesenta, cuando varios productores
de algunos de los viñedos más famosos, los estilos similares al
Soave y al Chianti, enturbiaron la fama adquirida al poner todo su
esfuerzo en la cantidad, a expensas de la calidad. Pero esto ha
cambiado, puesto que en los años ochenta la acción volvió a
dirigirse a la calidad. Los viñedos particulares retomaron las
palabras: Microclimas y bajas cosechas... calidad. También la llegada
de las variedades internacionales aumentó esto, y hoy en día el
Cabernet Sauvignon cuenta con algunos de sus mejores vinos en el
Piamonte y en Toscana.
Las colinas toscanas son famosas por sus grandes
vinos tintos, pero los viñedos que rodean al pueblito medieval de San
Gimignano ofrecen un vino blanco moderno de la cepa Vernaccia.
Los vinos italianos se identifican de varias
maneras, algunos con nombres geográficos, como los franceses, otros
históricos, folklóricos y una gran parte por la uva de las que
proceden. Entre éstos se incluyen los de antiguas uvas
"autóctonas", como la Barbera y la Sangiovese, pero
también uvas "internacionales", importadas de Francia y
Alemania. La mayoría tiene nombres sencillos.
En cuanto a las variedades de la vid, Italia cuenta
con millares y muchas fascinantes, como la Arneis, la Favorita, la
Fiano, la Picolit y la Schioppettino, capaces de alcanzar una gran
calidad (aunque son limitadas geográficamente). Otras, como la
Sangiovese tinta, de origen toscán, han llegado con éxito a muchas
partes. La Trebbiano blanca también se encuentra bien extendida,
conocida fuera de Italia como Ugni Blanc es una cepa que puede ser
insípida. La Nebbiolo se halla en el noroeste, pero no sola, comparte
el territorio con la Barbera y la Dolcetto, parecidas, y con
variedades más oscuras como la Freisa, la Grignolino, la Ruché y la
Braanchetto. Al nordeste se encuentra un número inusual de
variedades, como la Verduzzo y la Vespaiolo (blancas) y la Refosco, la
Raboso y la Lagrein (tintas), que compiten con las cepas francesas de
primera clase, bien asentadas.
En muchos casos se da el mismo nombre a vinos que
bien pueden ser blancos, tintos o rosados; dulces, secos o semisecos;
espumosos, no espumosos o de aguja.
LOS 10 VINOS ITALIANOS MÁS FAMOSOS
